el libro de las hermanas
nothomb es la tía más divertida y lista de la literatura actual y salimos en sus libros
debería empezar aclarando que soy hermana y esta es una de las relaciones que me definen como persona. también debería decir (aunque no puedo evitar que suene un poco duro) que si no tenéis algo así lo siento un montón. me explico: yo sin mi hermana me quedo solísima.
tener una hermana es un anti-soledades. nos llevamos tres años, pero podríamos llevarnos mil y esto seguiría siendo verdad, nunca puedo decir “no tengo a nadie, no hay hueco para mí en el mundo” porque siempre tendré a mi hermana. esto tampoco significa que seamos todo el tiempo las mejores de las amigas ni que nos contemos nuestros más oscuros secretos. sencillamente, el amor que hay entre nosotras es el único tipo de vínculo que me ata constantemente al aquí y ahora, que crea un espacio especialmente para mí y me conecta a la vida. me explico a través de lo que he vivido con mi hermana pequeña y tengo la suerte de contar con una testigo un poco más fiable que yo que ha experimentado el mundo de una manera muy parecida a la mía. sé que estoy porque ella está y viceversa.
una hermana nunca es una traidora, las hermanas saben quererse bien. el amor entre nosotras es fácil y poco novelesco, nunca pasa nada más allá de un pequeño mosqueo de vez en cuando y un volver a reanudarlo todo sin ningún tipo de explicación. lo que sucede aquí es una de las cosas más mágicas y más aburridas que hay en el mundo: mi hermana me conoce y yo la conozco a ella y por eso coexistimos la mar de a gusto. nothomb cuenta este vínculo tan pero tan bien en su nuevo libro:
Dos almas se descubrieron y resonaron la una en la otra. Dos planetas se alinearon de manera tan exacta que, audible solo para esas criaturas, se elevó una música que nunca se apagaría. Este fenómeno a medio camino entre el sonido y la luz repercutió de la una y la otra sesenta veces por minuto y por los siglos de los siglos (…) La pequeña no escuchaba más que la sinfonía que acababa de iniciarse. Sabía que Laetitia estaba viviendo lo mismo que ella. Ambas almas no dejaban de intercambiar esa señal que llamamos amor” (Amélie Nothomb, El libro de las hermanas).
por eso no es un libro extremadamente divertido ni extremadamente bueno, es sencillamente verdad en todas y cada una de sus mentiras. qué importantes son las trolas para escribir bien, qué sería de nosotras sin niñas desgraciadas y superdotadas, sin grupos de rock formados por peña de once años y sin unos padres desesperada y terriblemente enamorados. pequeña tragedia y gran historia de amor, cuando estrenaron Frozen las niñas se volvieron locas porque el beso de amor verdadero resultó ser el de su hermana mayor y no el del grandote ese. yo prefiero siempre que me salve mi hermana, igual que tristane y laetitia.
la mía se llama nuria y si le apeteciera podría escribir mi biografía entera. a veces sería una tirana, otras una heroína o una mujer tirada en un sofá lleno de mantas o la más lista de la clase, a veces una tía malísima y de vez en cuando (a mí me gusta pensar que muy de vez en cuando) la chica más divertida del mundo o al menos de mi casa.
A la chiquilla le parecía que, para su hermana pequeña, el mecanismo de la risa estaba abierto al infinito.
no hay nada mejor que saber que siempre tendrás a alguien que se ría de tus bromas, alguien que saque a los perros cuando llueve y has tenido un día muy malo y te tocaba a ti, alguien que te cuide sin que te des cuenta.
lo mágico y lo sagrado están en El libro de las hermanas, la capacidad de romper maldiciones de la infancia es uno de los muchos poderes que tienen las hermanas. nuria y yo pertenecemos a una larga cadena filial de cuidados. mi madre tiene dos hermanos y se llaman entre ellos nene y nena, apelativos que han durado casi sesenta años. qué placer reconocerte en algo que no es tu nombre, ponerle una etiqueta exacta a lo que se tiene, que te bauticen dos veces. mi hermana habla de mí como “pepi” en lugar de “pepa” y para todos los que me conocen a través de ella ese es mi nombre, las hermanas modifican realidades.
a mí este libro me ha hecho querer abrazar a mi hermanita y ver la princesa prometida con ella en el sofá, meterme un poco con ella pincharla, hacer cuatro chistes sobre pedos y hablar un poquito más sobre cómo nos va todo antes de irnos a dormir. gracias, amélie, por un buen rato y unas pocas lagrimillas de esas emocionales. como siempre, un placer,
pepi





